Palabras Más / ¿Crítica bajo control?

No desesperes, ni siquiera por el

hecho de que no desesperas. Cuando todo

parece terminado, surgen nuevas fuerzas.

Esto significa que vives

Franz Kafka

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Vaya que ha causado revuelo la publicación de los lineamientos con los que se pretende sujetar a los medios de comunicación y a los periodistas que disienten del gobierno de la 4T, todo bajo el argumento de proteger los derechos de las audiencias. Cada vez son más las voces que advierten sobre el riesgo de censurar y restringir la libertad de expresión, ese derecho constitucional que, al parecer, hoy les resulta incómodo.

Hay que recordar que, en los peores regímenes —y mire que son varios los que admiran quienes hoy gobiernan—, así comenzaron: tratando a sus pueblos como si fueran menores de edad, diciéndoles qué debían ver, escuchar o pensar, mientras utilizaban la propaganda desde los medios del Estado para vender una realidad que no correspondía con los hechos. Cuando un gobierno pretende convertirse en árbitro de la verdad, la democracia empieza a perder terreno.

Las libertades son plenas o simplemente no existen; no hay libertades a medias. Desde que el mensaje se lanzó en la mañanera comenzó un auténtico nado sincronizado para respaldar los dichos de la presidenta. Ahí están las entrevistas de legisladores que, evidentemente aleccionados, sostienen que es necesario regular a los medios; otros, desde la Comisión Permanente del Congreso, hablan de supuestos excesos de la prensa. La pregunta es obligada: ¿qué habrían dicho López Obrador o Claudia Sheinbaum si una propuesta de esta naturaleza hubiera surgido de un gobierno del PRI o del PAN? Seguramente habrían encabezado marchas en defensa de la libertad de expresión.

Las audiencias deben contar con información de calidad, exigir y ser escuchadas, pero el Estado no debe decidir que debe ver, escuchar o leer.

Como diría el clásico tabasqueño: fuera máscaras. A pesar de insistir en que no se trata de censura, varios han terminado por mostrar su verdadero rostro: intolerancia frente a la crítica y animadversión hacia los medios y periodistas que no se alinean con el discurso oficial. Siempre llega el momento en que las palabras se enfrentan con los hechos. Durante años, la 4T se presentó como un movimiento que combatiría la censura, abriría las puertas al debate y garantizaría la libertad de expresión. Hoy, ese discurso parece haberse quedado en el camino.

Ahí están las advertencias de académicos, periodistas y organizaciones internacionales sobre los riesgos de imponer mayores controles a los medios de comunicación. Cuando un gobierno busca regular a quienes lo observan, lo investigan y lo cuestionan, la sospecha es inevitable: ¿realmente pretende mejorar el sistema o busca acallar las voces incómodas?

La prensa crítica cumple una función esencial en toda democracia. Es la que pregunta dónde está el dinero público; la que exige cuentas sobre las obras emblemáticas; la que cuestiona los resultados en seguridad, salud, educación y economía; y la que da seguimiento a los casos de corrupción que prometieron combatir y que hoy parecen empeñados en esconder. Sin ese contrapeso, el poder termina hablándose a sí mismo.

Da la impresión de que en Palacio Nacional se agotó la paciencia frente a los cuestionamientos y también los argumentos para responderlos. Resulta más sencillo intentar desacreditar o regular a quienes preguntan que ofrecer resultados convincentes. Pero la historia ha demostrado que ningún gobierno se fortalece limitando la crítica. Por el contrario, cuando el poder busca controlar el micrófono, quienes realmente pierden son los ciudadanos, porque una prensa libre no es un privilegio de los periodistas: es una garantía para toda la sociedad… Pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.

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